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jueves, 6 de mayo de 2010

USO Y ABUSO DEL DERECHO PARA OBTENER VENTAJAS COMPETITIVAS

USO Y ABUSO DEL DERECHO PARA OBTENER VENTAJAS COMPETITIVAS

Ya lo decía el protagonista de la novela de Mario Puzo El Padrino: “UN ABOGADO CON UN MALETÍN PUEDE ROBAR MÁS QUE CIEN HOMBRES ARMADOS”. Tal vez esto explique por qué muchas escuelas de negocios solicitan que los futuros líderes empresariales estudien ESTRATEGIA POLÍTICA Y LEGAL además de marketing y finanzas. Tengamos en cuenta lo siguiente:

––– La intención de Wal-Mart de introducirse en el mercado de California ha sido bloqueada por coaliciones de sindicatos, grupos de interés de pymes y grupos contra el crecimiento urbano descontrolado, que movilizaron a los votantes para rechazar en un referéndum el permiso para abrir uno de sus establecimientos, pasando por encima de los comités de planificación locales.
––– Medco Health Solutions, la mayor empresa estadounidense de gestión de ayudas farmacéuticas, lograba contener las demandas judiciales iniciadas por autoridades estatales y federales al aceptar que dejaría de expedir a los pacientes medicamentos más caros no recetados por sus médicos (Medco prefería estos medicamentos por los descuentos que le aplicaban las farmacéuticas). Medco también se comprometía a revelar datos sobre los descuentos a empleados, médicos y pacientes.

––– El mercado de altas tecnologías se ha visto envuelto en varias batallas legales importantes, incluyendo los intentos de SCO por controlar el mercado de Linux. Este código de fuente abierto, alternativo al sistema operativo Windows de Microsoft, está bajo amenaza porque SCO reclama ser el propietario del copyright de un elemento clave del código Unix que se puede encontrar en Linux.
El nuevo libro del profesor de Derecho de Wharton

G. Richard Shell, titulado Make the Rules or Your Rivals Will (PON TÚ LAS NORMAS O LO HARÁN TUS ENEMIGOS), traduce hechos como los anteriores al lenguaje de la estrategia corporativa, explicando como un 10% en política y derecho provocan una diferencia del 90% en las decisiones del mundo de los negocios. La tesis de Shell se basa en lo que él denomina “ESTRATEGIA LEGAL COMPETITIVA”, esto es, emplear los contratos, los tribunales, las leyes y el lobbying para asegurarse una ventaja competitiva en los negocios. Así, muestra como Sumner Redston, Rupert Murdoch, Andy Grove y Bill Gates entre otros, han puesto a sus rivales contra las cuerdas de la negociación con demandas judiciales, han definido los límites de sus mercados con leyes y han utilizado la política para luchar sus batallas competitivas. Esto tampoco es nuevo. Mucho antes de que SCO intentase ganar el control del mercado de Linux con demandas judiciales basadas en el copyright, los primeros fabricantes de máquinas de coser, automóviles, radios e incluso aviones perfeccionaron su estrategia legal para controlar sus respectivos sectores. Shell utiliza ejemplos extraídos de la historia para ilustrar su tesis.

En el siguiente extracto de MAKE THE RULES OR YOUR RIVALS WILL, Shell muestra como en los 80 los líderes del mercado de chips de alta tecnología se sumergieron de lleno en el “MANUAL PRÁCTICO DE ACCIONES LEGALES” para poder hacer frente a los fabricantes de chips asiáticos que estaban entrando en el mercado estadounidense. Esta historia es un típico ejemplo de cómo la estrategia legal y la empresarial se complementan en tiempos de crisis si hay mucho en juego, e ilustra los “CINCO FACTORES DEL ÉXITO DE LA ESTRATEGIA LEGAL” propuestos por Shell.

(…)
MAS INFO:
FUENTE:

martes, 15 de julio de 2008

¿TIENE UN FUTURO LA DOGMATICA JURIDICOPENAL?

¿TIENE UN FUTURO LA DOGMATICA JURIDICOPENAL?
Gimbernat Ordeig (*)

I.


1. Recientemente Richard Schmid ha calificado de "funesto que en Alemania "lo penal se entendiera casi exclusivamente como tarea jurídica y que como tal fuera también cultivado" (1). "La acción criminal", continúa Schmid(2) "era un problema jurídico de subsunción; y de acuerdo con ello se formó, seleccionó y aleccionó al personal de la justicia penal. Floreció la ciencia del Derecho penal. El delito no era un problema humano, no era un problema político, sino un problema jurídico... En lugar de volverse hacia el hombre criminal, en Alemania -a diferencia de lo que sucedió en la mayoría de los restantes Estados civilizados- la disciplina del Derecho penal se cultivó l'art pour l'art, por así decir, siendo elaborada con toda clase de sutilezas jurídicas. Entretanto, los característicos efectos protectores del Derecho penal en un Estado de Derecho, al convertirse en evidentes, habían perdido relevancia; en otras partes, el hombre criminal se había convertido en el principal problema científico y político; pero entre nosotros de ello apenas se ocupaba la justicia penal oficial ni la doctrina universitaria. De las acciones criminales se destilaban las distintas opiniones doctrinales, teorías y definiciones que tenían que ser aprendidas de memoria por los futuros jueces, fiscales y defensores. A la justicia penal no le importaba el efecto de la pena sobre el delincuente. Detrás de esta artística fachada jurídica se escondía la misma oposición al progreso y al cambio que hicieron que la burguesía y el funcionariado alemanes acabaran por aliarse con el nacionalsocialismo del que esperaban que conservara lo existente, fortaleciera el ejercicio estatal del poder y se alejara del 'falso humanitarismo'."

En referencia al problema de la culpabilidad escribe Richard Schmid: "Surgió una nueva ciencia para la que se sintió la necesidad de crear cátedras a institutos, la llamada Criminología, la cual, en cuanto que es ciencia, es la ciencia de las causas de la criminalidad. Una criminalidad que tiene causas y una constatación de la culpabilidad son incompatibles, si es que el concepto de causa ha de tener un sentido. Aunque se considere posible, para salvar el concepto de la culpabilidad, que entre las causas del delito figura una colocada por el mismo autor con su mala voluntad -una causa impropia, con la que se abandona ya la categoría de causa y, en general la ciencia seguirá siendo difícil, es más: imposible, llegar a penetrar en la amalgama de causas propias a impropias. Ello sería preciso, sin embargo, para poder medir o calibrar la culpabilidad. Cualquiera que se ocupe con intensidad de hombres criminales -con mayor intensidad de la que le suele ser posible a un juez penal- llega a un punto en el que se le impone, de repente, el conocimiento de un encadenamiento causal, o, si se quiere. de un encadenamiento fatal. Ello sucede precisamente en los hechos atroces, incomprensibles para el normal sentimiento humano"(3).

Nedelmann opina (4) que las tendencias dominantes en la actual ciencia del Derecho penal "se aferran a la pura teoría, dirigiéndose contra toda ciencia que no esté basada en ella, sino en la experiencia. Rechazan la psicología con la misma decisión con que descuidan la Criminología que, casi siempre, se halla en sus manos". Porque pone en duda la existencia do la culpabilidad y la justificación de la pena (justificación que la ciencia penal deriva de la culpabilidad), Nedelmann habla de la "base irracional del Derecho penal y de la ciencia del Derecho penal" (5): es preciso "que la ciencia del Derecho penal haga saltar su irracionalidad parcial y se convierta en una ciencia de las circunstancias sociales, o -si no lo consigue- pierda su influencia en la regulación de la protección de bienes jurídicos a favor de ciencias más ajustadas a la realidad" (6).

Hochheimer se adhiere recientemente a la exigencia de Reinwald y de Forel de suprimir el Derecho penal (7): "Una Sociedad 'punitiva' ha de ser considerada un anacronismo. Pues con sus irracionalismos excluye el progreso humanitario" (8).

2. Con estas pocas citas de los últimos tiempos he querido llamar la atención sobre el hecho de que en amplios círculos de Alemania han caído en descrédito la culpabilidad, la pena, el Derecho penal y naturalmente también, como consecuencia, la Ciencia del Derecho Penal. Nos encontramos con una, por así decir, "teoría del dominó": la crisis de la idea de la culpabilidad trae consigo la de la pena; y sin pena no puede haber Derecho penal, y sin éste tampoco una ciencia del Derecho penal en sentido tradicional (9).

Es curioso que a la ciencia del Derecho penal no le sea extraña la argumentación que se sigue en esta "teoría del dominó", en este desmoronamiento en cadena que lleva finalmente al derribo de la ciencia del Derecho penal. Pues esta ciencia ha subrayado siempre que la culpabilidad es presupuesto indispensable de la pena, entendiéndose por culpabilidad el reproche que se le hace al autor porque "se ha decidido por el mal, a pesar de que disponía personalmente de la capacidad de elegir el camino del Derechos" (10).

Por tanto, los actuales críticos del Derecho penal están de acuerdo con la mayoría de los dogmáticos penales en la cuestión de que el Derecho penal sólo encuentra justificación sobre la base del libre albedrío. Las opiniones únicamente se dividen en la actitud frente al problema de la libertad de decisión del hombre; pero cuando se rechaza el Derecho penal en base a la postulada indemostrabilidad o inexistencia del libre albedrío, se está no obstante poniendo de manifiesto, en definitiva, una coincidencia con la tesis fundamental de la doctrina dominante en la ciencia juridicopenal de que solo es imaginable y posible un Derecho penal de la culpabilidad.

De nuevo estamos asistiendo, por consiguiente, a la venerable polémica -enriquecida ahora por los conocimientos de la nueva sociología y del psicoanálisis (cuyas tesis centrales encuentran una aceptación cada vez más amplia)- entre la dirección "moderna" (o "positivista") y la "clásica", entre partidarios del libre albedrío y del determinismo, entre los que cultivan la dogmática jurídicopenal y los que quisieran ver al Derecho penal desplazado por la Criminología. Que esta polémica se desarrolle precisamente en Alemania, un país donde la dogmática juridicopenal ha alcanzado un extraordinario grado de desarrollo, da que pensar.

En lo que sigue me propongo, fundamentalmente, dos cosas: Investigar hasta qué punto la existencia del Derecho penal depende del principio de culpabilidad y, una vez decidida esta cuestión, examinar cuál es el papel que le corresponde desempeñar a la dogmática juridicopenal.

lunes, 30 de junio de 2008

¿TIENEN FUTURO LAS CÁRCELES?

¿TIENEN FUTURO LAS CÁRCELES?

Rafael Ruiz Harrell

En 1990 no llegábamos en la República a cien mil personas en prisión, incluyendo tanto las federales como las del orden común. En 2005 teníamos poco más del doble de esa cifra, 209 mil, y concluimos 2006 con 225 mil entre reos que esperaban sentencia y los presos que estaban ya cumpliendo su pena. Se trataba de 230 personas por cada cien mil habitantes encerradas en 455 cárceles, prisiones y penitenciarías.

Da clara noticia del crecimiento desmedido de los centros de detención, el hecho de que de 1994 a 2006 crecieron a razón del 8.3 por ciento anual. La población en el país lo hizo a un ritmo de 1.4 por ciento por año y la delincuencia registrada en las procuradurías estatales al 1.9 anual. Es decir: las cárceles están creciendo 4.4 veces más rápidamente que la delincuencia.

Esta última cifra es sorprendente porque las autoridades, por supuesto sin pruebas y sin razón, sostienen que a más presos menos delitos. Si la afirmación fuese cierta la criminalidad se habría reducido de manera considerable en vez de seguir creciendo a un ritmo que coincide con el promedio histórico que se tiene desde 1975. Y no sólo eso: hoy se sabe que la estancia en prisión, que en promedio individual es de 8 meses y medio, está aumentando la delincuencia en violencia y en gravedad.

El motivo es curioso y triste. La policía, sobre todo la del Distrito Federal, insiste en medir sus logros por el número de arrestos -no por el número de delitos evitados-, Y EL RESULTADO ES QUE CADA VEZ ESTÁ DETENIENDO A DELINCUENTES MÁS TONTOS Y MÁS POBRES. Los reos en prisión en 2005 tenían ingresos en pesos que superaban en 8.3 por ciento a los que obtenían los reos de 2006. Se está encerrado pobres, no delincuentes, pero el problema es que estos pobres -hacinados en cárceles inhumanas e inmundas-, terminan por hacer amistad con delincuentes más expertos y fogueados y cuando salen ya no se dedican a robar tapones o antenas de autos, sino a crímenes más serios. Del primer semestre de 2005 al primero de 2007, los delitos violentos crecieron 12.8 por ciento y los delitos graves 6.9 por ciento. Las cifras son resultado de los arrestos indiscriminados que está haciendo la SSP del DF.

EL FUTURO

No hacen falta altas matemáticas para descubrir que el número de presos -y con ellos las cárceles-, no pueden seguir creciendo a ese ritmo. De seguir las cosas como van, EN DIEZ AÑOS, 2016, TENDRÍAMOS MÁS DE MEDIO MILLÓN DE PRESOS. Para darles albergue necesitaríamos cuando menos 830 cárceles y habríamos tenido en prisión por algunos meses a la suma asustadora de 65 millones de mexicanos. Es decir: más de la mitad de la población nacional habría estado tras las rejas cuando menos alguna vez.

Digo con esto varias cosas. LA PRIMERA es que en diez años tendríamos una población acostumbrada a la cárcel, a la cual la prisión no la asustaría y para la cual, así suene cruel, sería un segundo hogar. No habría, por supuesto, pena que llegara a atemorizarlos: ya saben de qué se trata y saben que en cuando se pierde la libertad todo sucede al azar: salir libre, recibir una sentencia excesiva, comprar libertades anticipadas y poder controlar desde adentro un emporio criminal.

LA SEGUNDA -véase lo que está sucediendo en EU-, es que no habría dinero para mantener a medio millón de personas en prisión y, menos todavía, para evitar los alzamientos, los asesinatos, los motines que surgirían de la explotación -de los presos y sus familias-, y del hacinamiento y las condiciones infrahumanas en que se los obligaría a vivir. Un ejemplo: hay, hoy en día, en el reclusorio norte, una celda de cinco por seis metros en los que se almacena a 80 presos. ¿Qué horrores no habría en diez años?

LA TERCERA es la más linda: con tanta gente con experiencia carcelaria, la criminalidad se desbordaría a límites que hoy no imaginamos. LA DELINCUENCIA SERÍA LA REGLA, NO LA EXCEPCIÓN. La inseguridad sería el tono de la vida cotidiana y la seguridad una prisión en la que tendríamos que vivir.

NO. LA CÁRCEL NO TIENE FUTURO. NI ECONÓMICO, NI POLÍTICO, NI CRIMINOLÓGICO. Es necesario ir pensando en otra cosa. LAS REJAS NO SIRVEN. Y hay que pensarlo desde ahora porque el cambio no será tan rápido como lo necesitamos. HAY QUE INVENTAR OTRAS FORMAS DE LIDIAR CON EL CRIMEN Y DE CONSEGUIR UNA VIDA SEGURA. LO QUE ESTAMOS HACIENDO HASTA AHORA ES DEMAGOGIA Y LEJOS DE SERVIR, PERJUDICA.