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sábado, 12 de junio de 2010

¡A PARAR LA FÁBRICA DE ESCUELAS=MERCACHIFLES DE DERECHO!




¡A PARAR LA FÁBRICA DE ESCUELAS=MERCACHIFLES DE DERECHO!

¡A PARAR LA FÁBRICA!



Se produce irresponsablemente abogados en el país. El Colegio de Abogados de Lima busca detener esa ESTAFA SOCIAL. La iniciativa merece apoyo.

Autor: LUIS PÁSARA (*)



En el origen está el negocio. Un NEGOCIO que LUCRA de la EXPECTATIVA de obtener un TÍTULO PROFESIONAL. Las condiciones sociales del país han hecho que demanda y oferta se degraden: un número creciente de universidades ofrecen graduar como abogado de la manera menos exigente posible y un enorme contingente de jóvenes buscan solo el diploma que diga que son abogados, aunque no lo sean de veras.

Este NEGOCIO REPROBABLE –que perjudica gravemente a los ciudadanos que serán clientes de esos abogados– está respaldado en la ley. El DECRETO-LEY 882 DEL FUJIMORATO –al parecer, movilizado por los intereses particulares de un ex ministro de Economía– autorizó la UNIVERSIDAD-EMPRESA, con propósito de LUCRO. Muchos se han beneficiado de este régimen legal que ha pervertido la idea misma de universidad.

En 1986, 25 universidades ofrecían la carrera de Derecho a casi 35 mil estudiantes. En 2003, 46 universidades contaban con estudios de Derecho; casi todas las nuevas eran universidades privadas bajo el régimen legal creado por el fujimorato. Según el Colegio de Abogados de Lima (CAL), hoy en día hay unos 80 lugares donde se dice enseñar Derecho, en los que están matriculadas 82 mil personas. Teniendo en cuenta que en el país ya hay casi cien mil abogados, este número de estudiantes no guarda relación con las necesidades del país.

El ZAFARRANCHO lo hizo posible la ASAMBLEA NACIONAL DE RECTORES y el CONSEJO NACIONAL PARA LA AUTORIZACIÓN DEL FUNCIONAMIENTO DE UNIVERSIDADES, desde donde se autorizó laxamente el funcionamiento de universidades sin respetar el mínimo de requisitos legales. Un ex presidente de la Asamblea –que es uno de los responsables de ese mal manejo– hoy está ubicado en el Consejo Nacional de la Magistratura, donde adopta posiciones que sin razones explícitas modifica luego, según le aconsejen las circunstancias.

Para establecer un lugar donde se matriculará a estudiantes de Derecho no hace falta casi nada. Menos si es una de las llamadas FILIALES –algunas instaladas en el garaje de una casa–, donde basta contar con un ABOGADO o un egresado de derecho, un CÓDIGO, PIZARRA y TIZA. Según un estudio mío hecho en 2004, en la mayor parte de las FACULTADES DE DERECHO las BIBLIOTECAS son POBRES. Cuatro de cada cinco profesores de derecho no están dedicados a la universidad y siete de cada diez no han ganado el cargo por concurso. El CAL llama a esto “LA PAUPERIZACIÓN DE LA ENSEÑANZA”.

La POBRE CALIDAD de la PREPARACIÓN PROFESIONAL repercute directamente sobre la JUSTICIA porque es allí donde se forman los OPERADORES DEL SISTEMA: ABOGADOS LITIGANTES, JUECES, FISCALES y FUNCIONARIOS AUXILIARES. Cuando se examina expedientes judiciales, impresiona leer los recursos presentados por un número creciente de abogados cuyo sentido, como algunos jueces señalan, no resulta fácil desentrañar. La incidencia de estos abogados en el desenlace del proceso judicial es casi nula, de modo que el cliente, que cree contar con quien lo defienda, está abandonado en el proceso.

Al mismo tiempo, debe reconocerse que en el EJERCICIO PROFESIONAL –severamente impactado por el “MODELO” del DOCTOR MONTESINOS– ahora importan menos CONOCIMIENTO y RAZONAMIENTO JURÍDICOS. De allí que los egresados de aquellos centros donde la ENSEÑANZA ES UN SIMULACRO puedan desenvolverse como si fueran abogados.

Si “los OPERADORES DEL DERECHO son responsables de coadyuvar a dar SEGURIDAD JURÍDICA, generar confianza en las diversas actividades económicas, contribuir a la eficiencia de las transacciones y resolver de manera idónea los conflictos que pueden presentarse”, según recuerda el CAL, no es eso lo que se prepara en muchas de las llamadas FACULTADES DE DERECHO del país.

La propuesta del CAL busca detener el despropósito. Se propone, en primer lugar, SUSPENDER LAS AUTORIZACIONES DE FUNCIONAMIENTO y de CREACIÓN DE NUEVAS FACULTADES DE DERECHO hasta que sea aprobado un SISTEMA DE EVALUACIÓN y ACREDITACIÓN DE CALIDAD. Asimismo, se postula que todas las FACULTADES DE DERECHO se sometan a un procedimiento de EVALUACIÓN y ACREDITACIÓN DE CALIDAD, como el que ya existe para los estudios de Medicina, que en el caso de Derecho deberá establecerse dentro de los seis meses de aprobada la ley propuesta.

El CAL propone también acabar con el llamado “BACHILLERATO AUTOMÁTICO” –otra de las perversiones introducidas por el fujimorato– y se vuelva a la presentación y aprobación de una TESIS para obtener el GRADO DE BACHILLER EN DERECHO. El TÍTULO DE ABOGADO será obtenido a través de un EXAMEN DE SUFICIENCIA PROFESIONAL, suspendiéndose inmediatamente los mecanismos de TITULACIÓN “EXPRÉS”, como los seminarios y cursos breves pero pagados que se publicitan en los diarios. Finalmente, se propone suspender el ingreso a los llamados “PROGRAMAS DE EDUCACIÓN A DISTANCIA” que ofrecen estudios de Derecho, hasta que se acrediten.

Doce ex decanos del CAL han respaldado esta propuesta que ahora busca firmas ciudadanas. Con este paso, el gremio de abogados avanza en un combate que inició, a través de la JUNTA DE DECANOS DE COLEGIOS DE ABOGADOS, hace siete años.

Al recabar firmas para una “INICIATIVA CIUDADANA” en materia legislativa, de acuerdo a la Ley 26300, el gremio de abogados de Lima intenta obligar al Congreso a que se ocupe del asunto. Porque, de hecho, un proyecto de ley sobre el tema, presentado por el propio CAL en 1999, fue ignorado por el Legislativo.

Si se lograra reunir el número de firmas que la ley exige (0.3% del padrón electoral) –aproximadamente 55,000–, el Congreso tendría que dictaminar y votar el proyecto en un plazo de 120 días calendario, alrededor de seis meses. Y en caso de que no lo aprobase, o lo distorsionase al aprobarlo, el asunto puede ser consultado en referéndum.

Confiemos en que se congregue el respaldo ciudadano necesario para poner fin a la ESTAFA SOCIAL de que se gradúen y ejerzan como abogados quienes no tienen el mínimo de preparación necesaria. Luego vendrá la delicada tarea de establecer el RÉGIMEN DE ACREDITACIÓN de FACULTADES DE DERECHO que debe ser seriamente organizado y ejecutado.

Entretanto, es de esperarse que, así como el CAL avanza en esta batalla de interés ciudadano, cumpla con sus responsabilidades en materia de control y sanción del mal ejercicio profesional. En la casa de los abogados de Lima hay que dejar atrás la práctica de “OTORONGO NO COME OTORONGO”, que también ha hecho un grave daño al ejercicio profesional y a los ciudadanos mal protegidos por aquél a quien contrataron como defensor profesional de sus intereses.

________________

(*) LUIS PÁSARA es abogado y doctor en Derecho por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Fue profesor en esta casa de estudios entre los años 1967 y 1976. Ha realizado estudios de post grado en la Universidad de Wisconsin. Ha sido profesor investigador visitante en el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), en México. Desde 2004 es investigador del Instituto Interuniversitario de Estudios de Iberoamérica, de la Universidad de Salamanca.
Entre sus principales publicaciones se encuentra:
1.- “Jueces, Justicia y Poder en el Perú” (1982), 2.-“El Uso de los Instrumentos Internacionales de Derechos Humanos en la Administración de Justicia” (2008), 3.- “Ley, Justicia y Sociedad en América Latina” (2010) y 4.-“Tres Claves de la Justicia en el Perú (2010)”.

jueves, 10 de junio de 2010

¿NECESITAMOS MÁS COLEGIO DE ABOGADOS?



¿NECESITAMOS MÁS COLEGIO DE ABOGADOS?
Acerca de la propuesta del CAL para que las acreditaciones de facultades de Derecho sean obligatorias
Por: Óscar Súmar (*)



He leído el artículo publicado en El Comercio por el Decano del Colegio de Abogados de Lima (10/11/2008), titulado “¿UNA ESTAFA EDUCATIVA?” y que en verdad es un reflejo de investigaciones de LUIS PÁSARA. En éste, el Decano defiende su idea de crear estándares (acreditación) para la admisión de facultades de Derecho. Partiendo de la base de la profesión legal es de “interés público”, refiere que la calidad de las facultades es pobre y es muy fácil obtener el título, lo que llevaría, finalmente, a un engaño a los consumidores, tanto de servicios educativos, como legales. El encargado de aplicar dichos estándares sería, sin duda, el Ilustre Colegio o la Universidad Católica, que también apoyaría la medida.

Como recién titulado de una facultad de Derecho, opino distinto: graduarse, para quien realmente pretende recibir una educación de calidad y tiene los medios para hacerlo, no es nada fácil. He cursado seis años en la universidad, incluyendo 2 de estudios generales, para obtener el bachillerato. Luego, he dedicado casi 2 años adicionales en obtener el título de abogado, a través de la presentación de una tesis.

¿LA CALIDAD ES MALA? Primero, esto es relativo, la calidad de mi universidad de origen es baja si se le compara con Yale o Harvard, pero alta si se le compara con la mayoría de universidades nacionales. Además, existen muchas personas de mi universidad que son malos abogados y otras de universidades menos prestigiosas que son muy buenos abogados. Segundo, aún las universidades de calidad “baja” traen beneficios a personas de escasos recursos: éstas tienen la oportunidad de recibir una educación mayor que la que recibieron en sus colegios y les da la esperanza de una vida mejor. Si la calidad de estas universidades fuera mayor, sus precios tendrían que ser correlativamente más altos, lo que impediría a mucha personas acceder a ellas. Además, el costo de un abogado que ha recibido una educación semejante a la mía es inaccesible para el 95% de la población, siendo optimistas. Si impedimos a las personas recibir educación de “mediana” o “baja” calidad, impediremos correlativamente que existan abogados de “media” y “baja” calidad. Esto impedirá que las personas que sólo pueden acceder, por falta de recursos, a este tipo de abogados, cuenten con una asesoría legal que necesitan. Tercero, los estándares, si son serios y detallados, son muy difíciles de aplicar: encontraríamos grandes deficiencias y corrupción en su sola implementación. Cuarto, la calidad es mala en todos los ámbitos de la vida porque somos un país pobre, pero ¿eso nos debe llevar a fijar estándares siempre? La calidad de los diarios es mala en promedio, ¿requerimos entonces un sistema de acreditación para hacer un diario? ¿Esto no sería antidemocrático? Finalmente, el CAL dicta un curso de deontología forense que he tenido la desgracia de llevar. La calidad de ese curso me parece francamente mala y, aún así, el Decano pretende dirigir una cruzada por la calidad educativa, que en verdad es otro intento por volver más excluyente una profesión que funciona como un cartel: recordemos que los abogados requerimos tener la autorización del Colegio para ejercer la profesión y no podemos publicitar el precio de nuestros servicios.

Respecto a los clientes, ¿REALMENTE HAY UNA ESTAFA? ¿Uno acaso no sabe que un abogado de una universidad privada (de alta categoría) que cobra más es probablemente un mejor abogado que uno de una nacional (de las de baja categoría) que cobra poco ? Claro que se sabe. El mercado legal tiene problemas de información, es cierto; pero eso es causado por la propia regulación que prohibe la publicidad. Pero de ahí a decir que los clientes son engañados, parece una exageración y, en todo caso, existen remedios civiles (responsabilidad civil) o administrativos (INDECOPI o el propio Colegio de Abogados) que, si funcionaran adecuadamente, podrían solucionar estos problemas de “engaños” y “estafas”. Por otro lado, ¿HAY UNA ESTAFA PARA LOS ESTUDIANTES? No parece ser el caso, uno sabe las diferencias entre estudiar en la PUCP o en la San Juan Bautista.

Una razón adicional, la fijación de estándares reprimiría la innovación. Por ejemplo, tenemos universidades que están asociando los estudios de Derecho con la Economía o la administración de empresas. Quizá en el futuro, en estas universidades, las carreras sean bastante más híbridas; pero, ¿esto sería posible si se les exige cumplir una curricula determinada que incluya “X” cursos de Derecho? Y ese es tan solo un ejemplo.

Por último, no existen reales investigaciones empíricas acerca de la necesidad de implementar esta medida. El único estudio actual acerca de la ENSEÑANZA DEL DERECHO EN EL PERÚ que tiene investigaciones de campo es el de LUIS PÁSARA (y un libro en el que se ha recopilado e interpretado estadística, de Gorki Gonzales); pero no aborda explícitamente el tema de las ACREDITACIONES, fuera del hecho de que ha sido rebatido por la Facultad de Derecho de la UPC mediante un informe dirigido al entonces ministro de justicia, Kresalja.

¿CUÁL ES -ENTONCES- LA SOLUCIÓN? Los ABOGADOS no necesitamos más REGULACIÓN, NECESITAMOS MÁS COMPETENCIA. La publicidad es el mayor método de competencia y el Código de Ética la prohíbe. La competencia, en este caso, puede servir para concentrar el mercado, reduciendo el número de abogados y mejorando la RELACIÓN CALIDAD-PRECIO. Imaginen un mercado donde existan servicios legales de buena, regular y baja calidad. Imaginen que uno tiene información acerca de la calidad y el precio de estos servicios. En ese caso, los abogados tendrían que competir para ver quien da los mejores servicios al mejor precio. Eso, probablemente, dejaría a los abogados de alta calidad en su lugar, pero bajaría los precios de los de regular calidad, desplazando a los de mala calidad. Eso haría que no existan incentivos para ser un abogado de mala calidad y por lo tanto que tampoco existan incentivos para ser una universidad que los produzca. Actualmente, debido a la falta de información, los abogados de baja calidad pueden cobrar como si fueran de mediana, lo que hace que sí existan los incentivos antedichos.

No es imposible pensar en un “mercado” de abogados: en EE.UU. se siguió este camino luego de la decisión en Bates v. State Bar of Arizona (1977), que declara inconstitucional la prohibición de publicidad. Actualmente la Facultad de Derecho de la PUCP está preparando un PROYECTO DE CÓDIGO DE ÉTICA en el cual se permite la PUBLICIDAD, ¡en hora buena!

Los abogados tenemos que reconocer que -al igual que cualquier otro comerciante- cuando nos juntamos e intentamos aprobar nuestras propias normas (léase, cuando somos el CAL), habitualmente buscamos nuestro propio beneficio, a expensas de la sociedad. La prohibición de PUBLICIDAD, la fijación de PRECIOS (que fue sancionada por el INDECOPI) y la propia COLEGIATURA, son ejemplos de cómo los abogados intentamos mantener cerrado artificialmente nuestro MERCADO; sin éxito, pero con efectos colaterales como la HIPERTROFIA DE ABOGADOS y la CORRUPCIÓN. No avancemos más en esta línea, que es la que nos ha llevado a la situación en la que estamos. Pensemos con claridad y cambiemos el rumbo.

Como comentario aparte, y para finalizar ahora sí, la ACREDITACIÓN es un tema de ESTÁNDARES, que es uno típico de la TEORÍA REGULATORIA. Los problemas asociados a la REGULACIÓN EN GENERAL y la FIJACIÓN DE ESTÁNDARES EN PARTICULAR han sido ampliamente estudiados; sin embargo, en el Perú, quienes vienen hablando del tema hasta ahora, hacen referencia al “INTERÉS PÚBLICO” que habría en la profesión legal. Cualquiera que haya leído de regulación sabe que las teorías que toman como sustento de la REGULACIÓN el “INTERÉS PÚBLICO” están desfasadas. No se crean el cuento de que en EE.UU. y Europa continental (de donde nosotros supuestamente tomamos estas teorías) manejan conceptos distintos: en EE.UU. manejaban el concepto de interés público, pero hace 80 años, así que las teorías actuales no son una “competencia” de éste, sino su superación (ver al respecto: Kip Viscusi, “Economic of regulation and antitrust”).


NOTAS


______________

(*) Profesor e investigador a tiempo completo en la Universidad del Pacífico, en la Facultad de Derecho. Actualmente tiene a su cargo el curso Economía y Derecho, que se dicta en la Facultad de Economía. El profesor Súmar es abogado, summa cum laude, por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Ha escrito decenas de artículos y participado en conferencias en las áreas de su interés: análisis económico del Derecho, regulación económica, libre competencia, derecho constitucional, derecho y desastres; entre otras. Adicionalmente, el profesor Súmar ha laborado en el Tribunal Constitucional y ha sido director de la revista Themis. Actualmente se encuentra ad portas de publicar un libro sobre regulación de la publicidad comercial en el Perú y está trabajando conjuntamente con otros expertos en un libro sobre libre competencia.


FUENTE
http://chinomigrana.wordpress.com/2009/01/15/%C2%BFnecesitamos-mas-colegio-de-abogados-acerca-de-la-propuesta-del-cal-para-que-las-acreditaciones-de-facultades-de-derecho-sean-obligatorias/

WEB
http://works.bepress.com/oscar_sumar